2 Marzo 2008

Legalicemos. Colombia

Últimamente van apareciendo más artículos de opinión que hablan sobre la legalización de las drogas, España, Colombia, Ecuador… Un artículo más en el que se expone el asunto del narcotráfico y la riqueza de unos, con respecto a la pobreza y marginación de los otros.

EN EL BRONX

Legalicemos

Cristian Valencia. Columnista de EL TIEMPO.

 

Nadie parece ver la relación de las ‘ollas’ de las duras calles con los grandes capos y los grandes bancos.

Esto es el Bronx: el más oscuro rincón del Bronx. Entre penumbras se vende droga. Entre basura maloliente se comercia bazuco y cocaína. Y los negocios son oscuros porque el negocio es ilegal. Hordas de desdichados bazuqueros asisten diariamente al Bronx. No el de Nueva York, aunque también asistan a sus “ollas” un poco de personas con ganas de drogarse. Hablo del Bronx en Bogotá, el de Los Mártires, el que queda a una cuadra de un poderoso batallón del Ejército y a seis cuadras del Palacio de Nariño. Cosa que lanza la pregunta al aire como al descuido: ¿de qué se trata la guerra al narcotráfico?

¿Exactamente qué persiguen? ¿Es verdad que quieren evitar que la gente se drogue? O será que persiguen los billetes que produce el negocio ilegal. Que, por cierto, produce tanto justamente por su condición de ilegal, de clandestino.

Supongo que en Madrid y en París, en Hamburgo y en Berlín, en Londres y en Nueva York, Miami y San Francisco también se vende droga ilegal a escasos metros de la policía, del establecimiento. Y esos billetes que van a parar a la olla darán la vuelta muy rápido. Rápido estarán en los bolsillos de capos chiquitos y grandes; y rápido entrarán al sistema bancario. A uno de esos bancos suizos, por ejemplo, que tienen licencia para recibir sin preguntar. Esos billetes ajados de las calles de todas las capitales del mundo se demoran poco en llegar a los bolsillos de los grandes traficantes.

Quizá usted haya inhalado o inhale cocaína. Y quizá usted sea de los que odian todo lo que tenga que ver con el narcotráfico. Detesto profundamente la estética del traqueto. Pero usted no ha reparado en su propio juego de doble moral. Por un lado, alimenta el negocio y, por el otro, lo señala como maldito. Esos 50 mil o 100 mil que usted entrega a su jíbaro de confianza demorarán a lo sumo diez días para estar en los bolsillos del “traqueto mayor”, quien con esas platas de las calles tristes comprará armas y pagará parte de un ejército ilegal y desplazará campesinos a la fuerza y prostituirá muchas jóvenes y elevará el costo de las viviendas y muchas cosas más que no son buenas.

Y tarde o temprano, esa plata de las miserables calles de todas las capitales del mundo entrará al conspicuo sistema bancario mundial. Y nadie parece ver la estrecha relación que existe entre las ollas de las duras calles y los grandes capos y los grandes bancos.

Evite, pues, que su dinero vaya a parar a los bolsillos de los grandes capos que financian la guerra. En las condiciones actuales, si usted compra un gramo, usted compra una bala. Así que si tiene algún poder de generar opinión, dígalo: legalicen. Si ocupa un cargo en el Gobierno, también dígalo. Y que lo digan los de Londres, París, Nueva York, Tokio, Madrid y San Francisco. De otra manera, es imposible acabar con este macabro negocio, fabricante de tantas muertes, cuya condición de ilegal dispara todos los vicios del conflicto en Colombia.

Nosotros ponemos los muertos por esa plata callejera, y el mundo desarrollado provee los yates y la buena vida que se puede comprar con esa plata callejera, la de las calles duras.

Si fuese legal, la droga sería un problema de salud pública. Y los campesinos cocaleros no serían perseguidos ni tendrían que hacer barricadas en las carreteras ni se fumigaría con veneno la selva ni habría dinero para financiar ejércitos ilegales. Se extirparía de un tajo la principal causa de la maldita guerra que vivimos desde hace tantos años.

Porque la ilegalidad aparente del comercio de la droga es sospechosa. Son las calles las que proveen los grandes billetes y no se combate porque a nadie le importa quién consuma. Parece ser que el mundo persigue únicamente los billetes grandes, dejando que el fenómeno crezca hasta que haya millones para actuar punitivamente.

Mientras tanto, esto sigue siendo el Bronx, a seis cuadras de Palacio, y a una del batallón.

Cristian Valencia

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23 Febrero 2008

Corrupcion policial

En estos días se ha conocido la noticia del robo de 500 kilos de cocaína en el que parece ser han participado varios guardias civiles y algún inspector de policía.

El director general de la Policía y la Guardia Civil, Joan Mesquida, ha sostenido hoy que el robo de cocaína en el que presuntamente participaron varios agentes, que ingresaron ayer en prisión, es ‘la peor corrupción que puede practicar un policía’.

El Juzgado de Instrucción número 3 de Martorell (Barcelona) citó ayer a declarar como imputados a, al menos, cinco guardias civiles y un ex inspector jefe de la Policía Nacional por su supuesta participación en un robo de 500 kilogramos de cocaína.

Es curioso seguir leyendo noticias de este tipo, la desaparición de droga en la comisaría de Pamplona, esta de Barcelona, varias por el sur de España… Y no se hace nada para erradicar estas situaciones.

Cuando se legalize o normalize tanto el consumo como la venta y distribución de drogas, además de recaudar el estado un dinero, se acabaría con las mafias de las drogas y sus circunstancias.

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14 Febrero 2008

Jubilados y autocaravanas por Marruecos

No me extraña nada que ocurran estos casos, fácilmente evitables, los sueldos no son altos, las prejubilaciones una putada grande si no has cotizado lo necesario…

Una ayuda económica que viene muy bien en algunos casos, generar unos ingresos atípicos, llegar a final de mes… en fin, tener una mejor vida con unos viajes realizados

¿De quién es la culpa de que surjan este tipo de acciones? ¿Se pueden solucionar?

Dentro de lo que cabe, es fácil legalizar o normalizar. El cómo es algo más complicado, pero posible.

Más ingresos para el estado con una regulación para la venta y distribución, así se evita que sigan con el tan repetido “daños a la salúd pública” cuando realmente es salud privada.

Autocultivo individual o colectivo para el que quiere ejercer su derecho de autoabastecerse

Club, cooperativas, asociaciones de fumadores, cultivadores…

Desde aquí la noticia y diversos enlaces encontrados con referencia a la misma

Diario ABC

CARLOS HIDALGO. MADRID.

Pocas veces se habrá encontrado la Guardia Civil con un método tan excéntrico para «bajarse al moro». Quién iba a imaginar que una organización dedicada al tráfico de drogas contrataba a jubilados de su pueblo, Collado-Villalba, para que les pasara hachís desde Marruecos aduciendo «viajes de placer» y mediante autocaravanas. Con eso es con lo que se han encontrado los agentes del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid (EDOA). En esta «operación Imserso», que así se podría haber llamado, han sido detenidas seis personas. Una de ellas es un prejubilado, que se llevaba una parte de los beneficios de la banda a cambio de «jugársela» a bordo de una autocaravana para traer la droga.

La investigación arrancó el pasado mes de noviembre, en la localidad de El Escorial. Los agentes de Seguridad Ciudadana de ese puesto andaban detrás de un grupo de distribuidores de droga por la zona. Se había observado un repunte en las incautaciones que se estaban realizando, sobre todo, de hachís.

La pista del coche

Los investigadores se pusieron manos a la obra. Pieza fundamental para comenzar el dispositivo fueron los testimonios de testigos y demás colaboración ciudadana. Lo primero que se localizó fue el coche en el que se trasladaba la persona que llevaba la droga al pueblo. Cuando se identificó a su dueño, R. P. S., español de 30 años, se le sometió a una estrecha vigilancia.

Así, se fueron recabando datos y tirando del hilo. Se supo, por ejemplo, que la mayoría del clan estaba afincado en la localidad serrana de Collado-Villalba. Uno de sus componentes residía en Guadalajara. El cabecilla del grupo de traficantes es el español N. M. H., de 35 años. Otros integrantes son sus hermanos, estos de nacionalidad marroquí y que responden a las iniciales Y. M. H. y S. M. H., de 29 y 33 años, respectivamente. El hermano mayor se dedicaba, fundamentalmente, a buscar a sus proveedores en Marruecos. Para ello, contaba con una agenda de contactos, que le proporcionaban la droga desde ese país. Sus otros dos hermanos eran quienes se dedicaban a vender el estupefaciente a los clientes y quienes cobraban la deuda contraída.

Esa era la punta de la pirámide del grupo. El escalón inmediatamente inferior lo conformaban dos españoles, R. P. S. y J. I. H. C., de 30 y 27 años, respectivamente. Estas dos personas tenían su propio negocio de menudeo, pero, además, eran quienes se encargaban de captar a los jubilados y prejubilados, a quienes conocían de su pueblo, Collado-Villalba, precisaron fuentes de la investigación.

Siempre elegían a españoles, para levantar menos sospechas —además de por su edad— y porque así podían simular que se trasladaban a ese país del Norte de ?frica a realizar «viajes de placer y turismo». Los jubilados utilizaban caravanas alquiladas o compradas. Luego, subían con ellas a un ferry, que les dejaba en Marruecos, donde sus contactos les recogían, cargaban los dobles fondos de los vehículos con la droga y regresaban a Madrid. Les pagaban con parte de los beneficios de la banda y viajaban «con todos los gastos pagados».

La Guardia Civil tiene constatados, al menos, tres viajes. En uno se identificó a un prejubilado de 55 años, que, en Andalucía, volvía de Tánger con la caravana. En Algeciras se inspeccionó el vehículo y se hallaron varias cavidades con 1.262 gramos de hachís. En la operación se ha incautado también de gran cantidad de teléfonos móviles, dos autocaravanas y 10.000 euros en metálico.

En otras publicaciones

Bajarse al moro en la tercera edad

Cae una red…

Una red captaba a…

De prejubilados en apuros a…

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